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lunes, 21 de mayo de 2012

jueves, 17 de mayo de 2012

#73



No digo que sea perfección.
Pero casi.
Me ha gustado y no poco.
Gracias por hacerme vibrar una vez más, queridos norteños.



atte.
Gé.

miércoles, 2 de mayo de 2012

#65



Escribió la melodía que protagonizaría tantas historias, ordenó las notas que muchos escucharían en momentos pasionales... y, más que nada, fue el autor de una de las letras más hermosas que el piano ha podido saborear.

Lo más conmovedor, lo más triste... y lo más cierto es que fue maldecido por ello.
Y tal vez para siempre.


atte.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

#42


Dos años. Dos largos años. Dos.
Y el mundo sigue vibrando contigo.
Una y otra vez.
Desde un "afterlife", desde un cielo, desde un infierno.
¿Quién sabe?

Descansa en paz, Jimmy.
Descansa en paz.


foREVer.



atte.

lunes, 24 de octubre de 2011

#35


Hoy la vida me ha dado uno de los peores golpes que he podido encajar.
Bañado por la lluvia de Octubre, por el frío invernal que no deja de acercarse, por el viento que nos llega a los huesos cual filo mortal.
Nunca pensé que pasaría esto, nunca pensé que me fuera a doler tantísimo.
Nunca pensé que todo un sueño acabaría así.
Ese sueño que comenzó con el lamento que una vez escupió el mar, de manera tenue, imperceptible para nosotros, dándole tumba a una costa que jamás se despertaría.

Hace unos ocho años que eso ocurrió, que esa voz se deslizó por mis oídos y me hizo esbozar una sonrisa, animándome a cantar con ella, mostrándome un camino de baldosas doradas que brillaba con la fuerza de unas guitarras, de un grupo de hombres que hicieron más que música para mí.
Nunca me aprendí todas las canciones ni tuve todos los discos.
Nunca.
No tuve la oportunidad.
Y ahora es cuando me maldigo por ello.

Ahora parece que todo ha acabado y me duele pensar que nunca, NUNCA, podré cantar en sus primeras filas, reír con sus voces, llorar con sus melodiosas letras. Nunca podré sentir lo que llevaba tanto tiempo deseando. Nunca podré vibrar delante de ellos a cada baquetazo, a cada grito, a cada vitoreo.
No podré verlos como el grupo que una vez conocí.
Porque su voz... se ha apagado.

José Mario Martínez Arroyo, nuestro aclamado José Andrëa, ha decido dejar Mägo de Oz este 24 de Octubre.
Muchos dicen que su voz ya estaba lastimada y merecía un descanso.
Un descanso que me ha abierto el corazón de una manera dolorosa.
Ahora no puedo hacer más que secarme las lágrimas y escribir.
Escribirle a él, por haber protagonizado la banda sonora de mi vida con su voz relampagueante.
Con su voz divina que alcanzaba una perfección armoniosa en mis tímpanos, fuera lo que fuera lo que cantase, desde canciones de amor hasta canciones de pena. Desde nanas hasta bramidos, hasta himnos de borrachera, hasta lujoriosos cánticos, hasta canciones que carecen de todo sentido. Aún así, todas tenían su chispa.

Y yo soñaba con poder compartirlas, con ellos al completo.

Supongo que la suerte no estaba conmigo, ni lo estará.

Ahora solo puedo agradecerle lo que ha hecho
Solo puedo darle gracias por dejarse la piel en cada canción, por aguantar tantísimo tiempo, por darnos la oportunidad de haberle oído, de haber contemplado su talento, por haber tenido la oportunidad de oírle cantar.
Eres grande.
Nunca dejarás de serlo.



Sin ti yo sería silencio.
Lo seré.
Pero feliz de haberte conocido.
Gracias por estos 8 años de amaneceres gratis.


Gracias, José.

"Yo nunca te olvidaré"





atte.

sábado, 15 de octubre de 2011

#34


Nunca he sido muy dada a presumir de la clase de música que escucho, nunca se me ha dado muy allá decir que mi gusto es bueno, ni malo. No me gusta denotar demasiado lo que me hacen sentir, ni mucho lo que me pueden gustar.
Soy de esas personas que callan, que guardan, que dejan esas pequeñas cosas que le emocionan sean un pequeño secreto.
Porque hay cosas que te hacen volar a mil kilómetros de tu hogar, a través de los años, más allá de los límites de la propia realidad.

Para mí, la música es la mejor manera de dejarse ir entre el sonido de una voz, de una guitarra, o sencillamente de los acordes de un instrumento clásico.
Es una vía de escape que te hace desconectar por unos minutos.
Es algo maravilloso, es algo que puede tener un gran significado.

Sí, lo es.
¿No os parece?

Hace ya un tiempo que hay un grupo en especial que me hace soñar con cuentos y leyendas medievales, con guerreros, princesas, hechiceros malvados y criaturas extraordinarias.
Juglares de guitarras eléctricas y voces celestiales de nuestro siglo que, sin darme cuenta, le han dado vida a una parte de mi rutina de una manera que ya no sé describir.

Desde el primer segundo, ya mi piel se eriza.
El suave sonido del viento, las deliciosas notas de un piano, la poderosa intro de seis cuerdas, o sencillamente un voz vehemente que relata el camino que prosigue ese Héroe que protagoniza sus letras.

¿No es mágico cuando todo se escucha en una sinfonía que roza lo divino?
¿No es asombroso que sean capaces de hipnotizar tus oídos con tanta sutileza?

Filo de espadas. Alas. Rugidos. Fuego. Fuerza. Aire. Poderío. Potencia. Valor. Lamentos. Aflicción. Venganza. belleza. Razón. Magia.
Inmortalidad.
Gloria infinita.


Me hacen falta miles de palabras más.
Para contar todo lo que son, todo lo que representan y todo lo que hacen.

Una música que vuela por lo más absoluto halo de perfección, dejando exageraciones aparte.
Calidad en estado puro.


¿Qué exagero?
Más quisieran ellos que exagerase.

Son parte de esa clase de músicos que todos quisieran llegar a ser, son esa clase de guerreros de la que se precisa hoy en día para salvar algo tan maltratado y degradado como es el mundo de la música.
Le dan un pálpito, un suspiro vital que la renueva, y tal vez de ese ímpetu que tanto le hace falta.

Nombres tienen infinitos.

Pero todo se resume en uno solo.


Rhapsody of Fire.


A partir de allí, comienza un todo.
Un todo digno de conocer.
Un todo digno de escuchar.
Sobre todo.
Un todo digno de seguir.



Gracias a quienes hacen posible que esta maravillosa música vuele sobre lo más alto.






atte.




miércoles, 29 de junio de 2011

#14



Ya no quedan palabras para describir lo inefable. No quedan más que recuerdos vagos de una buena noche de verano después de San Juan, una noche donde Madrid le abría sus alas a ellos, una noche donde decenas de personas gritarían, llorarían y cantarían.

Es increíble darse cuenta que, después de dos largos meses de espera, todo ese tiempo ha valido realmente la pena.
Ha valido la pena conocerles, ha valido la pena llorar con sus canciones, y ha valido la pena sentirse uno más de la Familia, justo cuando M. Shadows entonaba un poderoso "Welcome to the Family".
Ha valido la pena quererles sin condición, quererles sin haberles visto nunca, quererles solo por su incomparable carrera en el mundo de la música.

Sí, para mí es música, aunque haya gente que lo niegue. Para mí son grandes, son increíbles, son AWESOME e indiscutiblemente humanos; y el viernes 24 de Junio pude darme cuenta de ello.


No me importa haber llegado tardísimo a la cola, no me importa no haber ido tan acorde al estilo de los demás seguidores, no me importa haber estado esperando para entrar más de una hora, no me importa haberme perdido a los teloneros en el camino. Fui como bien podía ir, y me importó una mierda desentonar. ¿Qué más da el aspecto cuando vas a contemplar un espectáculo entres luces, focos y oscuridad?
Todos somos uno una vez nos hayamos allí, a los pies del escenario.

Y lo fuimos, vaya que lo fuimos.

Recuerdo a todos esos seguidores nerviosos, los recuerdo parlotear para disimular la emoción de entrar de una vez al palacio, y sé que no era la única que se había recorrido más de quinientos kilómetros solo para verles. Solo y únicamente para verles.

¿Maravilloso? No, superior.

Ya pasaban de las nueve y media cuando finalmente pisé la entrada del palacio. No podía contener más ni mis ganas ni mi propia exaltación. Sé que una vez entré allí, mis pies me llevaron a toda prisa a la pista, donde ya los fans se apelotonaban, luchando por alcanzar el mejor de los sitios. Yo ya había perdido la esperanza de conseguir llegar a las primeras filas, y maldije una vez más el hecho de haber llegado tarde.

El calor era casi insoportable, y el aire se tornaba denso sobre nuestras cabezas. Éramos muchos respirando a la vez, y el ambiente estival no hacía más que aumentar la tensión y la impaciencia de todos. Me deslicé como bien pude entre la muchedumbre, que permanecían casi estoicos al ver que alguien pretendía avanzar.
Fue una tarea difícil, pero al menos se veía bien el escenario.

Fue cuando reparé en el decorado... No era gran cosa, pero sería su propio templo, el templo donde aquel sueño se haría realidad.

Pasaban de las diez de la noche.

¡Cuánta emoción comprimida!
¡Cuánta tensión!

Ya no quedaba casi aire fresco para respirar ni uñas para morder.

Los gritos del público rompían la poca calma que nos quedaba.

"¡SEVENFOLD! ¡SEVENFOLD!"

Esa palabra sonaba al unísono, pasando de garganta en garganta, como una cantinela que hacía retumbar mis oídos de una manera sencillamente exquisita.

Y fue cuando todo comenzó.
Las luces se apagaron y dejaron paso a una tensa oscuridad que pronto se vería interrumpida por la luz de los focos, por los primeros sonidos, los primeros acordes de guitarra, los golpes de las baquetas y, sobre todo, por la voz de M. Shadows chillando "NIGHTMARE" con tanto poderío.

"Now your Nightmare comes to life..."
Cierto era, la dulce pesadilla estaba por comenzar.


Lo siguiente que ocurrió fueron mil emociones volando de un lado a otro, zarandeando nuestros oídos a golpe de guitarra y de batería, con los insinuantes toques del bajo de John Christ de fondo.

Estaban ellos cinco haciendo más que música sobre ese escenario. Magia, fuego, melodía, una bomba de relojería que estallaba una y otra vez en nuestros corazones, haciéndolos vibrar de una manera tan intensa... que aquella pesadilla sería la más grande de todas nuestras vidas.

La marea de brazos y de gente me llevo a la deriva mientras las canciones se sucedían.
Pude alcanzar la tercera fila por mucha suerte, y no hacía más que balbucear las letras de las canciones mientras intentaba por todos los medios terminar de creer que estaba allí, que lo estaba viviendo en todo su esplendor.
No dejaba de perseguirlos con el objetivo de mi cámara de una manera casi frenética, concentrándome en seguir también las palabras de Shadows con devoción.

No me acuerdo cuantos codazos tuve que sufrir por estar allí, ni tampoco es lo importante.
Los veía saltar de un lado a otro dejando claro que eran uno de mis grupos preferidos, los veía adueñarse de un público que se entregó con la misma fuerza con la que ellos tocaban, y en esos instantes de fuerza fue cuando el recuerdo se hizo presente.

El recuerdo de un amigo, de un hermano, de un músico sin igual.
James Owen Sullivan.
The Rev.
Jimmy.

Él estuvo allí, y con So Far Away quedó más que consolidado.

"Where You can stay. You can stay awake foREVer"

Unos momentos realmente entrañables.
Preciosos.

Cuánto se te echa de menos, Jimmy.
Muchísimo.
Y Madrid sintió la Leyenda que eres de cerca.
La Leyenda que eras, que eres y que seguirás siendo.
Siempre y por siempre.




No recuerdo exactamente el orden de las canciones, pero si no me equivoco se sucedieron en Nightmare, Critcal Acclaim, Welcome to The Family, Almost Easy, Buried Alive, So Far Away, God Hates Us, Afterlife, A Little Piece of Heaven, Bat Country...
¡y quién diría que cerrarían esa noche con Unholy Confessions y Save me!

Supongo que nadie. Al menos yo me considero realmente sorprendida.


¿Cómo olvidar a M.Shadows dedicándole unas palabras a su desaparecido hermano? ¿Cómo no guardar en la memoria el momento en el cual recogió esa preciosa bandera con su retrato y con FOREVER escrito? ¿Como dejar atrás su voz acariciando las palabras de cada canción con una intensidad arrolladora?
¿Cómo perder a un Synyster Gates lanzando sus solos con tanta precisión y maestría? ¿Cómo no mirarle y sentirse fascinado por su talento al deslizar sus dedos por el mástil de su Schester?
¿Cómo no quedarse atónito ante el poder que le otorgaba Zacky Vengeance a cada canción? ¿Cómo ignorar su inconfundible figura animando a los allí presentes?
Y no olvidemos a Johnny ni a Arin Ilejay... ¿que habría sido de todo esto sin ellos?

Nada. Absolutamente nada.


¿Cómo poder olvidar ese 24 de Junio?
No puedo, no debo, ni lo voy a permitir.

Aún resuenan los gritos del público en mi cabeza.

Sólo me falta desear algo.

Repetirlo.
Una y otra vez.





Atte.
Gé.

lunes, 16 de mayo de 2011

#12



Él se marchó hará unos cuantos ayeres... y en ese momento, no me importaba.
No, no me importaba. Habían caprichos en el viento y fantasías aún por inventar.
Sin miradas ni secretos... lejos de un costado iluminado por el sol.
Nada de melodías quebradas bajo mis labios.
Pero ahora que he perdido el norte, he caído en la cuenta de que sus ojos brillaban cual diamante de siete colores.

Y así era.
Su mayor tesoro no solo se reducía al brillo de su mirada, si no también a su voz, al sonido que pronunciaba para hilvanar esas letras en palabras con significado.
A su talento.
A su indiscutible persona, que ha pasado a ser una leyenda más allá de lo que vemos... pero oímos.

Escuchamos...
y escucharemos.

Y pensar que una voz prodigiosa haya sucumbido de esta manera.
Se ha cumplido un año desde que se marchó a ocupar el lugar que le corresponde.
Unos dicen que se marchó a darle clases de canto a un coro celestial... Otros, que fue a reclamar su trono.

"What did you do to end here?" Ask Satan.
"GET OUT OF MY THRONE, BITCH!" answer Dio.


(un comentario en un video suyo en el Youtube. Me ha gustado xD)


En fin...
Odio el haberlo conocido después de su partida. Me hubiese encantado escucharle cuando aún seguía en los escenarios, con su grandeza innata, cuando su poderosa voz conmovía a cientos de mortales.

Eso sí que me hubiera gustado.

Ahora solo puedo conformarme con oír lo que ha dejado como herencia en la historia de la música.
En la historia de la melodía.
En la historia de las voces.





Ronald James Padavona.
Gracias.
¿Por qué?

Ya lo sabes.



Larga vida a Ronnie James.





[La primera parte de la entrada es parte de la letra de una de sus canciones, Rainbow Eyes, pero algo retocada por mí :)]



atte.




jueves, 21 de abril de 2011

#7


Genialidad, sí, en estado puro.
Tan difícil de encontrar. Tanto como el tesoro que lleva enterrado en cierta isla desde hace siglos.
Genialidad que pocos llevan consigo.
En la sangre, al respirar, al sentir.
Al vivir.

Al morir.

Genialidad que, afortunadamente, es humana.
Cuando realmente debería trascender.

Genialidad que existe. Que se conoce.

Genialidad de genios... y de hombres.
Compleja, abstracta, misteriosa, inalcanzable, majestuosa.
Con ella se forjaron las leyendas que nos dan sentido, y que, hoy en día, siguen tan palpitantes.

Menos mal que siguen habiendo siervos de la ingenua Genialidad.
Menos mal, sí.




Tenía ganas.
Tenía ganas de hacerlo eterno, memorable, vehemente.
Tenía ganas de superarme a mí y a todos.

Ese día tenía ganas de ser Dios de mástiles y heraldo de cuerdas.


No recuerdo como empezó todo, ni tampoco el número de dosis que tomé de ese maravilloso elixir. De esa droga, de esa placentera adicción.
Me envolvía sin abrazarme, sin tocarme, sin acariciarme; allí estaba, cerca, susurrante, cual dama de oro y amante de nadie.
Me llamaba, me gritaba, me suplicaba... ¿Cómo iba a decirle que no?

Sonreí, a su fortuna. Sonreí a sus deseos nuevamente, y me deslicé bajo la gruesa correa que la sostenía.
Ah, bien, calibrando el peso con ambas manos.
Era una ligereza imperturbable.

"Tres"

Me permití acariciarla, sentir un delicioso chispazo al rozar sus cuerdas. Un estremecimiento me hizo respirar entrecortadamente durante unos segundos.
Ya sentía a mis propios sentidos aclamar su nombre.

Continué con el ritual, dejando caer el cable a mis pies.
No había nada más hermoso que ese amasijo de filamentos negros a mi alrededor, apenas perceptibles por la poca luz que entraba en la habitación. Alcé la cabeza, desafiando a ese brillo que se dispersaba sobre mí, como un halo divino.

También pude ver de soslayo la membrana de esas cajas metálicas que pronto serían parte de mi propia fantasía. Su importancia era inimaginable.
¡Qué pena que todavía no pudiesen hablar!
... Pero la doncella las despertaría.


"Dos"

Ultimé los detalles más insignificantes.
Cuando alguien se exige la perfección, necesita que todo esté en su sitio, a punto, finito, hasta lo que resulta minúsculo, como la propia respiración. Un aleteo, un zumbido, una mota de polvo.
Todo tiene que estar en su perfecta medida.Todo.

Volví a palpar su suave superficie, como quien palpa un diamante, una joya.
En cierto modo lo era. Tan dócil, tan dulce, tan asquerosamente atractiva.
Se me iba la cabeza.

La dama volvió a exigirme atención, cuidado. Le dediqué una mirada lasciva.
Estaba a su completa disposición, como caballero entregado a su musa.
Mi musa.
Mi diosa.

Tan solo imaginar lo que estaba por venir, tan solo el hecho de pensarlo....
Me hervía la sangre, y la piel, y los dedos.
Mi ser ya empezaba a trascender... Es lo malo de pensar demasiado.
La anticipación te juega malas pasadas.
Sacudí mi oscura melena, mentalizándome de nuevo.
Nada de pensamientos, nada de recuerdos. Nada de nombres ni de florituras.
Estaba solo...
...y el mundo vibraría conmigo.

¿Lo conseguiría esta vez?

"Uno"


Decidí no pensar en la respuesta.
Cerré los ojos para oír la llamada de mi diosa, de mi triste obsesión.
Ahora ya comenzaba a gruñir con voracidad, con hambre. Tenía las mismas ganas que yo, como cuando alguien desea con todas sus fuerzas el derrumbarse en el colchón de esa persona que tanto se quiere.
Mi amada era otra.
Ya lo corpóreo dejó de tener significado. Acaricié las cuerdas otra vez.

Se estaba acercando el momento. Cuestión de segundos, de pestañeos, de nada.
Y no se podía pedir escenario mejor.
Ni público.

La emoción crece. Los aplausos resuenan.

Dios. Me siento un Dios ahora.
Y mi pequeña sigue esperando.

Hoy era el día en el que intentaría tocar el cielo con mi vena, con mi arte.
Hoy intentaría casarme con la genialidad de quien elige esta vida de sinfonías.
Hoy era ese maldito día.
Me faltaba una buen trago para calmar los nervios.

Ovación. Gran ovación de fondo.
Mi sonrisa se amplió, marcando mi rostro en una mueca de euforia, orgullo.
Una pizca de arrogancia... ¿pero qué mas daba?
Era mi momento, y el halo de luz aumentó en intensidad, otorgándole majestuosidad a lo que me quedaba de presencia.
Volvía a sentirme fuera de mí, con los dedos temblando de gozo.

Un poco más. Unos minutos más de espera, y ya todo me pertenecería.
Mis animosos y fantasmales espectadores continuaron con su jovial griterío, inyectándome ánimo, coraje... Más estupefacientes a mi cóctel mortal.

Mi cabeza deliró un poco más, hasta que la oyó, por fin.

"Enseña los dientes, enseña tu talento, enseña tu valía. Demuéstranos que hay más que pretensiones, aprendiz de Héroe"

Cortesana desdeñosa.
No pude evitar lanzar una carcajada desafiante, plagada de picardía. Comenzaba el espectáculo.

Ahora mis nudosas manos se atrevieron a tocar el provocativo acabado de mi acompañante, de mi arma de destrucción masiva. Luego mis zarpas la sometieron bajo su poder, bajo su destreza.

Y ella me respondió.
La guitarra comenzó a desvelarse de su pesado letargo.
Comenzó a contagiarse de la pasión que me recorría los nervios.
Comenzó a fusionarse conmigo, con mi alma de huesos.
Comenzó, por fin, coreada por las grandes cajas de hierro.

Esa era mi chica. Esa era mi princesa, y ahora la Música ya no podría menospreciarla. Nunca más.
Ahora era ella la voz de un corazón desbocado. De mi jodido corazón...
Había hecho tiritar a toda la mortalidad.
Al planeta.
Y, ¿Por qué no? Al universo.

Sé que estuve miles de años tocando, deslizando mis dedos por la suavidad de su mástil.
El sonido tampoco abandonó mis tímpanos.
Incesante, inefable, interminable.
Impetuoso, poderoso.
Formidable.

No podía permitir que se acabase esa sucesión imposible de notas.
No podía permitirme el lujo de dejar que se perdieran con el tiempo.
Y, ante todo, no me podía dejarlo en el vacío.

Mis dedos sangraron y lloraron, pero nunca dejé que el dolor me consumiese.

Mi musa musical, mi droga, entrecerró los ojos, complacida. Me hice con ella.

No sé qué más puede desear un hombre que muere así, haciendo lo que más le gusta.

Estuve en el cielo y en el infierno, estuve en cada una de las ciudades olvidadas que sostienen nuestra realidad; estuve en los dedos de los grandes que, antes que yo, cruzaron este anillo de fuego.
Estuve en todas partes sin moverme.
En la cima más alta, a lomos de lo inmenso.
Junto a ti.


Ese día tuve ganas de ser parte de una efímera genialidad.
Ese glorioso día tuve ganas de rozar la eternidad.
Ese maldito día tuve ganas de soñar y de tocar hasta el fin del último de los amaneceres.
Jugué a ser Dios, y lo conseguí.
Vencí a la doncella Música en su propio terreno con los alaridos de un instrumento.
Fui uno solo. Un Solo de seis cuerdas.





Ese día que ya es Ayer.
Ese día tan inolvidable me arrebató lo que me quedaba de hombre.
Ahora soy guitarrista.
Soy Leyenda.

¿Y qué me queda ahora?


(Otra vez sonríe. Se acerca al oído, en un gesto de complicidad)



Repetirlo.




____________________________________________________________





Para todos aquellos que han inspirado esta improvisación.
Son muchos los nombres.






atte.



(DONOTCOPYMYWORKS. IT BELONGS TO ME)

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