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miércoles, 4 de enero de 2012

#45


¿Sabes? Me alegro de que te creas especial, de que lo sientas de veras.
Porque si algo es verdad, es que no lo eres.
Sencillamente eres demasiado cobarde para asumirlo.


atte.


lunes, 10 de octubre de 2011

#32


Cuando esa gente se cree sentir especial y cree saberlo todo de alguna cosa, de una de esos detalles que te hacen la vida más amena.
Una palabra, una frase, un libro, un largometraje, un cómic, un cuadro, un grupo de música, un susurro...
Cuando esa gente no deja de hablar de ello, de estrujarlo, de exprimirle hasta la ultima gota de esa chispa que te hace sonreír, es cuando te apetece que rueden la cabezas.
Puede parecer una exageración, algo que lo siento demasiado a pecho, algo que me preocupa a sobremanera...
¿Pero es que no os ha pasado que tenéis algo que sentís vuestro y va alguien y lo mancilla, lo pisotea y lo destroza?
¿Que le quita toda emoción?
¿Que le arrebata aquello por lo que tanto te gusta?

Las obsesiones y las modas llenan todo de alquitrán, del alquitrán de lo común, de lo que a todo el mundo le gusta, lo que ya no es diferente y propio.
Es cierto que la música, el arte y todo lo demás no tiene dueño, pero sí medida.
Siento por dentro esa sensación de que todo lo que ha dejado una huella imborrable en mi memoria está siendo terriblemente ultrajado por aquellos que creen saber más del tema o creen ser más "amantes" de lo que yo llegaré a ser jamás.

A la mierda con esta gente que no sabe entender la esencia de algunas cosas.
A la mierda con esta gente que me asquea.
A la mierda con esta idiotez que crece cual germen en sus cabezas.


Estoy cansada de siempre lo mismo.
De esta gente.
De esto que tanto desprecio.


atte.

sábado, 27 de agosto de 2011

#24


Ha pasado muchísimo tiempo desde que intenté salir del cascarón, como un polluelo que se enfrenta al mundo por primera vez. Solo que yo ya he visto lo que hay fuera, las calamidades que nos hacen la vida difícil, cuesta arriba, complicada. Vamos, el mundo real al que estamos acostumbrados.
En esta ocasión he de mencionar que estoy algo cansada de mi propio humor, de mis repentinas ganas de encerrarme en mí misma y de hacer oídos sordos, y estoy cansada de intentar quedarme dentro de mis casillas, como alguien aislado del resto del mundo...
Alguien acorazado, que siente regocijo al estar protegido, pero el miedo de adentro permanece.
Un miedo que me ha llevado tiempo comprender y al que he ido criando sin darme cuenta, hasta que me ha dominado, tanto el corazón como mi propia forma de actuar.

Y ahora veo los telones que he desplegado para mantener lejos a quienes me importaban, para alejarlos, para mantenerlos al margen. Lejos de mí, lejos de lo que siento dentro, lejos del miedo y del dolor que me hacían sollozar cuando menos lo imaginaban. Ese miedo que te hace retroceder.
Es repugnante, pero cuesta dejarlo ir.
¿Cómo lo haría entonces?

No he encontrado la respuesta hasta mucho tiempo después, cuando una voz me lo ha dicho.
Pensé que esa voz jamás me diría lo que necesitaba oír, oponiéndose rotundamente a todos mis pensamientos, a todas mis convicciones. Una voz cargada de razón que me faltaba, de verdades a las que me negaba escuchar. Una voz que dejé sonar sin prestarle atención, hasta ahora.
Como una cría malcriada. Como una niña caprichosa.

Sí, nunca me he considerado una buena persona.
Soy el monstruo producto de cuatro años de formación, de cuatro años en los que invertí parte de mi adolescencia en odiar y en vivir de ese odio.
Un odio que me ha hecho tener un miedo terrible, pero, a la vez, sentirme invulnerable, como un animal herido que enseña los dientes a sus opresores. Una mezcla extraña, un cóctel molotov que tarde o temprano terminaría estallando, haciéndome más daño del que jamás sentiría.
Haciéndome daño a mí misma, y a los demás.
Y eso es algo que nunca haría.

¿Cómo he podido permitirlo? ¿Cómo he sido capaz de dejar que ocurriese?
He caído en la cuenta que he vivido cuatro largos años por ese grupo de personas a las que tanto desprecio, sin importarme el resto. No veía más que enemigos y adversidades a mis pies, y me di cuenta de que no dejaba de caer y caer en lo mismo.
Como una historia que se repite una y otra vez.

Me he cerrado a muchísimas cosas con tal de sentirme a salvo de todos. Me he cerrado a muchas personas, y dejé que mi verdadera voz solo susurrase en mi cabeza, no entre mis labios. Tampoco es que me arrepienta de ser como soy ahora mismo, pero es momento de reconocer mis errores, uno tras otro, hasta decir que me equivoqué. No soy como muchas de las chicas de mi edad. No tengo gustos convencionales, no tengo preferencias esperables. Todo mi mundo lo veo diferente, aunque sea un poco... Y eso me ha abierto otras puertas que antes veía cerradas, eso me ha permitido avanzar y tener a mi lado personas que buscan lo mejor que hay en mí.

No sé si alguien podrá entender esto, y me da exactamente igual si lo leéis o no.
Pretendo convencerme de que he actuado mal y que le he dado más importancia a las heridas abiertas que a los que pretendían curarlas.

Soy una persona verdaderamente egoísta y aún me queda mucho por recorrer para madurar de verdad. Ahora solo me quedaría quedarme en paz conmigo misma y dejar de pensar en algo que pasó hace tanto, cuando empezaba la secundaria. ¿De qué sirve si ya he pedido disculpas por lo que pude hacer? ¿De qué vale si yo ya hice lo que debía para enterrar toda esa experiencia?

Quizás lo que haga falta es echarle tierra y comenzar con la cabeza bien alta lo que está apunto de aparecer. Una etapa nueva, donde ya estoy asustada desde el principio, pero ¿sabéis? No es ese miedo del que hablé antes.

Ese miedo se derramó ayer en lágrimas, se fue, se marchó... y eso es lo que espero.
No más gritos, no más ataques de histeria, no más rencor acumulado.
Nunca podré hacerles pagar el daño que recibí porque eso no me corresponde a mí.
Hay una ley universal que dice que toda acción tiene una reacción igual y opuesta. Yo lo llamo el Karma, el Destino, la Suerte... ¿O sencillamente "consecuencias de nuestros actos"?

No importa. Ahora ya no.
Mejor dejar que cada uno siga su camino, con sus conciencias, con sus cruces a las espaldas.
Mejor dejar que el tiempo decida que darnos por todo lo que vamos construyendo a nuestro paso.
Sea bueno o malo. Es cuestión de esperar, o de ignorar.

Lo que sea.

Las cáscaras de mi coraza ahora caen una por una y puede que ya no pueda deshacer lo que he hecho y en lo que me he convertido, pero sí puedo crecer. Por fin. Tal vez así pueda llegar a ser mejor persona.

¿Quién sabe?
No pretendo pensar mucho en ello, si no dejarme llevar por lo mejor que tengo, que es realmente lo que queda, igual que lo que aprendemos.
No necesito más.

Todo acabó cuando dejé esa maldita casa de los horrores, de pupitres y libros.
Me toca ponerle fin y olvidar.

"El olvido es el peor de los castigos... y el mejor de los perdones"

Por fin.
Es hora de decidir por lo bueno.
Lo malo ya se va, como los segundos, como las horas.

Un rayo de optimismo, de nuevo.

Gracias a aquellos que han estado allí y que me soportan tal y como soy.
Siendo un monstruo.
Siendo yo.
Y solo les puedo decir que e disculpen cuando hable de más o de menos.


Toca respirar con calma.



Atte.

miércoles, 13 de julio de 2011

#15

Agujas de hielo, y palabras cortantes cuales hojas de estoques.

Supongo que me toca gritar y callar, supongo que hablo porque sí, no para complacerte a ti, y sé que pronto habrán kilómetros de por medio. Adiós sonrisas embusteras, hola desprecio perpetuo.
Tarde o temprano debía de pasar, ¿o es que crees que has dejado de lanzar veneno solo porque has mudado de piel y de maneras? No puedes comprar a nadie con un "te quiero" en falso, o con motes empalagosos para dirigirte. No puedes comprarte el cielo después de todo lo que hiciste, ¿o es que sabías que las personas no olvidamos y que las cicatrices no cierran?

Me echaste alcohol, me escupiste palabras tajantes, me pisoteaste como a un insecto solo porque te dio la gana.
Puede que seas más atractiva de cara, pero por dentro supuras de maldiciones.
La confianza me dio más que asco en ese entonces, y ahora también.
Digo lo que me permito decir, y puedo bramártelo a la cara, ¿o es que piensas que soy tan absolutamente cobarde como tú? Las pantallas son muy luminosas y preciosas, y pueden ocultarte el rostro, pero jamás lo que realmente eres.

No nací víbora, así que no entiendo tu actitud... ¿la verdad? No me importa.

He peleado ciento de veces contra ti y contra la sub-raza a la que perteneces.
Tan bajo caes, tan bajo te arrastras... ¡Pero qué se le va a hacer!

Una vez alguien me dijo que en cuanto viese una serpiente en mi jardín le cortase la cabeza, así ya no son peligrosas.

Supongo que rodarán cabezas.
¿La tuya? ¿La de tus amigas?

Alguna.

La mía, no.




atte.

sábado, 30 de abril de 2011

#8

Cariño, eres grande. Cariño, eres genial.
Cariño, eres la sonrisa de plástico más artificial que he podido añadir a mi colección de "Detalles Odiosos que enterraría vivos"

Lo siento, cielo mío, pero una imagen vale más que mil palabras entredichas con sorna. Bueno, una colección de fotos sucesivas valen más que días y días de opiniones contrarias.
Yo juzgo, como todo el mundo, pero con argumentos bajo el brazo.
¿Y tú qué?
¿Vas a respaldarte tras la historia de "Soy una conocedora de la vida, yo sé lo que me hago"? ¿Vas a encapucharte bajo la apariencia de niña-madura-de-pocos-años?

No, que ya no cuela ni con vaselina.
Ni la sonrisa de plástico, ni los ojitos de cordero degollado.

Eres tan falsa como aquellos a los que tanto críticas.
Eres tan falsa como la falsedad que tanto denuncias.
Eres falsa, cielo mío.

Yo nunca hubiera dado mi brazo a torcer si estuviera al tanto de que esos amigos a los que tanto "quiero" me ponen como Shrek a las espaldas.
Recuerda que las apariencias engañan... aunque eso ya lo sabes, ¿no?
Mi querida niña que ya es toda una mujercita, ¿verdad?

Nótese el delicado filo de la ironía, of course.

Supongo que te darás de morros contra su fachada de artificio.
Cuando te levantes de la impresión, llámame.
Ya me conoces, bien.
A mí, por lo menos, bastante mejor.


Pero, mientras, sigue siendo tan asquerosamente falsa como un billete de tres euros.





atte.

miércoles, 6 de abril de 2011

#4

Porque lo mejor de la vida se sirve en pequeñas dosis.
Y los peores venenos también.

Algunas deberían morderse la lengua con sus propios colmillos. Algunas deberían probar un poco de esa ácida medicina que escupen a las espaldas, como cobardes, con el rabo entre las piernas.
El rencor les consume como el fuego a la cera.
No entienden que sonreír de primeras y clavar puñales después es patético, denigrante, hasta rebasar los límites de lo ridículo, de lo más rastrero y mezquino.
Víboras, que son unas víboras que han dejado de arrastrarse, pero que siguen mudando la piel seca que les estorba, el disfraz que les esconde, la fachada que han esculpido a base de mentiras y mimos falsos.

¿Cómo decirles a toda vuestra compañía actual que antes despreciabais tanto? ¿Cómo explicarle las malas pécoras que podéis llegar a ser?

En mi posición, imposible.
Ya le comisteis la oreja. Un poco de dulce siempre cubre lo amargo y lo ácido.
Vuestro puñetero ácido.
Ponzoña de la buena, sí señor.

Ojalá la probarais. Ojalá vuestras venas reventasen al sentirla en la sangre, en esas dosis tan ínfimas y mortales.

Sin embargo, no os deseo ningún mal.
No, en absoluto.
Solo espero que os atragantéis con todas vuestras mentiras, con toda la basura que soltáis al abrir la boca y, sobre todo, que perezcáis bajo ese ego que os hace tan "especiales" (nótese la ironía)

Especiales y tres mierdas.
Copias insignificantes de un estereotipo.
Estereotipo de niñas egocéntricas que piensan que se van a comer el mundo a punta de contar sus penas.
YO, YO, y más YO.
Esa única palabra es la que resuena en vuestros nulos pensamientos.

Repito: No os deseo ningún mal, sólo espero que la gente que os rodea ahora se de cuenta de lo ASQUEROSAS que sois en realidad.
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